Cómo hacer un presupuesto mensual sin agobiarte

Aprende a hacer un presupuesto mensual sencillo con un método de tres grupos, pasos prácticos y un ejemplo para organizar tus gastos y ahorrar sin agobiarte.

ORGANIZA TU DINERO

10/7/20267 min read

La palabra presupuesto puede sonar a hojas de cálculo interminables, a apuntar cada café y a tener que justificar cada euro que gastas. No es raro que mucha gente lo intente una vez, lo deje a las dos semanas y piense que organizar su dinero no es lo suyo.

Pero muchas veces el problema no eres tú, sino el método. Un presupuesto no tiene que ser perfecto. Tiene que ser lo bastante sencillo como para que puedas mantenerlo.

No se trata de controlar cada céntimo ni de dejar de salir con tus amigos. Se trata de saber cuánto dinero tienes, qué necesitas pagar y cuánto puedes gastar sin estar pendiente de tu cuenta todo el tiempo.

Vamos a verlo paso a paso, con un método que puedes adaptar a tu situación.

Qué es un presupuesto mensual (y qué no es)

Un presupuesto mensual es un plan para decidir qué vas a hacer con el dinero que recibes cada mes, en lugar de esperar a final de mes para descubrir dónde ha ido a parar.

Y no, no es una lista de prohibiciones. Tampoco significa renunciar a tus planes, dejar de comprar cosas que te gustan o apuntar absolutamente todos tus gastos.

Puedes empezar con tres grandes grupos: lo que necesitas pagar, lo que quieres disfrutar y lo que quieres ahorrar.

Un buen presupuesto no es el que queda más bonito en una tabla, sino el que te sirve en tu día a día.

Antes de empezar: conoce tus números

Para organizar tu dinero, primero necesitas saber de dónde partes. No hace falta que investigues cada movimiento de tu cuenta durante horas.

Empieza con tres cifras:

  1. Tus ingresos netos mensuales: el dinero que realmente recibes después de impuestos y cotizaciones. Si tus ingresos cambian cada mes, puedes utilizar una estimación prudente basada en lo que sueles ganar.

  2. Tus gastos fijos: alquiler, suministros, transporte, seguros, suscripciones y otros pagos habituales.

  3. Tus gastos variables: comida, ocio, compras, restaurantes y otros gastos que cambian de un mes a otro.

No necesitas conocer cada cifra al céntimo desde el primer día. Una estimación razonable es suficiente para empezar y mejorar el presupuesto con el tiempo.

Un método sencillo: organiza tu dinero en tres grupos

En lugar de crear veinte categorías distintas, vamos a dividir tu dinero en tres grupos. Puedes imaginarlos como tres cubos a los que asignas una parte de tus ingresos.

1. Lo que tienes que pagar

Aquí va el dinero destinado a cubrir tus necesidades y compromisos habituales:

  • Alquiler o hipoteca.

  • Luz, agua, gas e internet.

  • Compra de alimentos básicos.

  • Transporte.

  • Seguros.

  • Cuotas de préstamos y otras deudas.

Son los gastos que tienes que tener en cuenta antes de decidir cuánto puedes destinar a otras cosas.

2. Lo que quieres disfrutar

Este grupo es para vivir, no solo para pagar facturas.

Incluye salir a cenar, tomar algo con amigos, ir al cine, comprar ropa, hacer planes o darte algún capricho.

Puede parecer poco importante cuando estás intentando ahorrar, pero no lo es. Un presupuesto que no deja espacio para disfrutar suele ser difícil de mantener.

La idea no es eliminar estos gastos, sino decidir cuánto quieres destinarles sin comprometer el resto de tus objetivos.

3. Lo que quieres construir

Este es el dinero que reservas para tus objetivos futuros.

Por ejemplo:

  • Crear un colchón de emergencia.

  • Ahorrar para independizarte.

  • Preparar un viaje.

  • Comprar un coche.

  • Empezar a invertir, si tu situación financiera y tus objetivos lo permiten.

No necesitas empezar apartando una cantidad enorme. Si ahora mismo solo puedes ahorrar 20 o 30 euros al mes, puedes comenzar por ahí.

Lo importante es que la cantidad tenga sentido para ti y que puedas mantenerla sin dejar de cubrir tus necesidades.

Cómo hacer tu presupuesto mensual en cinco pasos

Ya tienes los tres grupos. Ahora toca convertirlos en un plan que puedas utilizar de verdad.

Paso 1. Calcula cuánto dinero tienes disponible

Empieza por tus ingresos netos y resta los gastos del primer grupo: alquiler, facturas, transporte, alimentación básica y otros compromisos.

La cantidad que queda es tu margen para organizar el resto del mes.

Por ejemplo, si recibes 1.400 euros y tus gastos básicos suman 850 euros, te quedan 550 euros para repartir entre ahorro, ocio y otros objetivos.

Eso sí, comprueba que has incluido los gastos habituales que a veces olvidamos, como las suscripciones o las cuotas de algún préstamo.

Paso 2. Decide cuánto quieres ahorrar

En lugar de esperar a ver qué sobra a final de mes, puedes reservar una cantidad cuando recibas tus ingresos.

Por ejemplo, si decides ahorrar 50 euros al mes, puedes programar una transferencia automática a otra cuenta después de cobrar.

Si tus gastos son elevados o tus ingresos son ajustados, quizá tengas que empezar con menos. Y si un mes no puedes ahorrar, no significa que hayas fracasado.

Antes de plantearte inversiones, conviene dar prioridad a los gastos esenciales, a las deudas que puedan resultar difíciles de asumir y a la creación de un colchón para imprevistos.

Paso 3. Decide cuánto puedes gastar en ocio

Una vez reservada la cantidad que quieres ahorrar, organiza el dinero que queda.

Si tienes 550 euros disponibles después de cubrir tus gastos básicos y decides ahorrar 50, tendrás 500 euros para ocio, compras y otros gastos que no hayas incluido en el primer grupo.

No significa que tengas que gastarlos todos. Es simplemente una referencia para saber cuánto margen tienes.

Si ves que llegas justo a final de mes, puedes ajustar el presupuesto. Si te sobra dinero, puedes decidir si prefieres destinar una parte al ahorro o dejar algo más de margen para el mes siguiente.

Paso 4. No te olvides de los gastos que llegan de vez en cuando

Hay gastos que no aparecen todos los meses, pero que sabes que acabarán llegando.

Por ejemplo:

  • El seguro del coche.

  • Los regalos de cumpleaños y Navidad.

  • Una matrícula o un curso.

  • El mantenimiento del coche.

  • Un viaje que llevas tiempo preparando.

Si no los tienes en cuenta, pueden desajustar tu presupuesto cuando menos te lo esperes.

Una forma sencilla de prepararte es calcular cuánto necesitas para cada gasto y repartirlo entre los meses que quedan hasta que tengas que pagarlo.

Por ejemplo, si sabes que dentro de seis meses tendrás que pagar un seguro de 360 euros, puedes reservar 60 euros al mes.

Así, cuando llegue el momento, tendrás el dinero preparado y no tendrás que sacarlo de golpe de tus ahorros o recurrir a una tarjeta de crédito.

Paso 5. Revisa tus números una vez a la semana

No necesitas estar pendiente de tu cuenta todos los días.

Reserva unos diez minutos a la semana para comprobar cuánto has gastado, cuánto te queda y si vas según lo previsto.

Si a mitad de mes descubres que has gastado más de lo esperado en ocio, todavía puedes ajustar los planes de las semanas siguientes.

Y si un gasto imprevisto cambia tus planes, modifica el presupuesto. Está para ayudarte a organizarte, no para hacerte sentir mal cuando las cosas no salen como esperabas.

Estas cantidades son un ejemplo, no una distribución que tengas que copiar.

Si vives con tu familia, tus gastos básicos quizá sean mucho menores. Si vives solo en una ciudad donde el alquiler es caro, es posible que necesites destinar una parte mayor de tus ingresos a cubrir tus necesidades.

También puede que ahora mismo no puedas ahorrar 150 euros al mes. No pasa nada: puedes empezar con una cantidad menor y revisarla cuando cambie tu situación.

El objetivo no es encajar tu vida en un presupuesto perfecto, sino hacer un presupuesto que encaje con tu vida.

Por qué abandonamos los presupuestos y cómo evitarlo

Si has intentado organizar tu dinero antes y no te ha funcionado, quizá te reconozcas en alguno de estos casos.

Querer controlarlo todo desde el primer día.
Crear demasiadas categorías y registrar cada pequeño gasto puede acabar siendo agotador. Empieza con los tres grupos y añade detalles solo si los necesitas.

Olvidarte de disfrutar.
Si tu presupuesto consiste únicamente en pagar facturas y ahorrar, es probable que te canses pronto. Reserva una cantidad realista para hacer planes y gastar en cosas que te gustan.

No contar los gastos irregulares.
Un seguro, una matrícula o un regalo pueden desajustar el mes si no los has previsto. Inclúyelos en tu planificación.

Intentar cambiar todos tus hábitos de golpe.
No hace falta que reduzcas todos tus gastos a la vez. Puedes empezar revisando una suscripción, preparando más comidas en casa o fijando una cantidad para tus salidas.

Sentirte mal cuando te pasas.
Un mes en el que gastas más de lo previsto no invalida todo el esfuerzo. Mira qué ha pasado, ajusta las cantidades y sigue adelante.

Qué herramientas puedes utilizar para organizar tu dinero

No necesitas una aplicación de pago ni una hoja de cálculo llena de fórmulas para empezar.

Puedes utilizar cualquiera de estas opciones:

  • Una libreta: anota tus ingresos, los tres grupos de gastos y lo que quieres ahorrar.

  • Una hoja de cálculo: te permite hacer cuentas automáticamente y comparar los meses.

  • Una aplicación de finanzas personales: puede ayudarte a clasificar gastos y consultar tus movimientos, según sus funciones.

  • La aplicación de tu banco: puede ser suficiente para revisar los movimientos de tu cuenta y comprobar cuánto llevas gastado.

Si prefieres no conectar tus cuentas bancarias a aplicaciones externas, puedes llevar el control manualmente.

No existe una herramienta perfecta para todo el mundo. Elige la que te resulte más cómoda y que realmente vayas a utilizar.

Lo que cambia cuando tienes un presupuesto

Hacer un presupuesto no significa que, de repente, vayas a gastar menos o que desaparezcan todos tus problemas económicos.

Lo que sí puede cambiar es tu forma de tomar decisiones.

Puedes saber si te puedes permitir un viaje sin quedarte sin dinero para los gastos del mes, cuánto necesitas reservar para independizarte o si estás avanzando hacia ese objetivo que llevas tiempo aplazando.

También puedes detectar antes los meses en los que vas más justo y decidir qué ajustes hacer, en lugar de descubrirlo cuando apenas queda dinero en la cuenta.

No necesitas tenerlo todo bajo control desde el primer día. Empieza por conocer tus números, divide tu dinero en tres grupos y revisa cómo funciona durante el primer mes.

Después, ajusta lo que no encaje.

Porque organizar tu dinero no consiste en dejar de hacer cosas. Consiste en poder decidir qué haces con él.

Este artículo es informativo y no constituye asesoramiento financiero personalizado. Las cantidades del ejemplo son ilustrativas y deben adaptarse a cada situación.